San Sebastián es, sin duda, una de las ciudades con más encanto del norte de España.

Por sus paisajes, sus playas y por supuesto también por su gastronomía resulta una visita obligada para un fin de semana perfecto.

Comenzamos nuestro día en San Sebastián recorriendo el icono de la ciudad, la Bahía de la Cocha, considerada la segunda mejor playa urbana del mundo. Es un placer pasear los tres kilómetros de bahía a la orilla del mar.

Avanzando por la bahía nos encontramos con el Palacio de Miramar, al que es posible acceder desde unas escaleras junto al túnel del paseo. Desde su privilegiado enclave tendremos una vista excepcional, con la playa de la Concha a nuestra derecha y la izquierda la playa de Ondarreta.

Continuamos paseando por la playa de Ondarreta con su divertido ambiente, ya que es habitual que acuda gente con sus mascotas, hasta llegar al final del paseo y encontrarnos otra famosa foto de la ciudad: el Peine del viento, un conjunto de tres esculturas incrustadas en las rocas de Eduardo Chillida.

En este punto te recomiendo subir en funicular al monte Igueldo. Por 3.15 incluye la subida y la entrada al parque de atracciones y a los miradores. Desde aquí tendremos una vista inolvidable de Donostia.

Para comer nos adentramos en la parte vieja, a los pies del monte Urgull y tras el actual Ayuntamiento. En esta zona se encuentran los famosos bares de pintxos de Donosti.

Comer en San Sebastián no es barato, pero la calidad de su gastronomía bien merece la pena. Mi recomendación es la carrillera de ternera del bar Borda Berri en la calle Fermín Calbeton.

Entre  sus  estrechas  calles  encontraremos  la  Basílica  de  Santa  María  con  su impresionante entrada principal, y si continuamos callejeando llegaremos a la Plaza de la Constitución, con sus balcones numerados de la época en que aquí se celebraban corridas de toros.

Por la tarde cruzamos el río hacia el imponente Kursaal, Palacio de Congresos inaugurado en 1999, y junto a él la Playa de Zurriola con su ambiente joven y surfero. Aquí  podemos  tomar  uno  de  los  famosos  helados  donostiarras  disfrutando  del ambiente.

A lo largo del río Urumea nos encontramos con el Teatro Victoria Eugenia construido en 1912 y si continuamos caminando llegaremos hasta el precioso Puente de María Cristina.

Para acabar el día la mejor idea es acercarse de nuevo a la bahía a disfrutar del atardecer sentado en la arena de la Concha.

Espero que con estos pequeños consejos podáis disfrutar esta increíble ciudad y que os guste tanto como a mí.

¡Hasta la próxima!